Jenniffer Llanos Parias
Preschool and First Grade Director

Vincularse con nuestros hijos en ese incómodo momento en el cual estamos en el centro comercial y ellos gritan, lloran y nos hacen ver como si fuéramos los peores padres del mundo, es una misión bastante difícil, cuando los ojos de los demás nos acusan por dejar llorar a nuestros hijos, así como nos acusan por comprar el juguete y ceder ante sus caprichos para frenar la “pataleta”, o nos acusan por intervenir de una manera tajante alzando a nuestro hijo sin emitir palabra y sacarlo de allí junto con nuestra vergüenza.

Queremos ser los padres perfectos y tener recetas mágicas en el bolsillo, para lograr que nuestros niños tengan los comportamientos esperados por otros y por nosotros en todo momento y lugar. Pero nuestros niños, son niños; bajo esa premisa, debemos entender que las situaciones que generan frustraciones son el pan de cada día y que antes de una “pataleta” o “berrinche” hay una historia que revisar. Un niño mayor de tres años, no hace una “pataleta” en público si ésta no le ha dado resultado antes. Debemos revisar con quién, cómo, en dónde, cuándo y por qué, logramos ceder ante ese primer escándalo acompañado de llanto y gestos de dolor; seguramente estábamos en público y no quisimos sentir la mirada inquisidora, o el afán nos apremiaba y era más importante salir de allí y continuar con nuestras actividades. En algún momento nuestros hijos logran entender que un desborde emocional sin control, puede ayudarlos a obtener cosas materiales, a cambiar una situación o a salir de un lugar específico; en algún instante de la vida, respondemos como ellos esperan a situaciones desesperadas y les entregamos el cetro del poder llamado “pataleta”.

Pero cuando ya hemos recorrido ese camino y ni siquiera recordamos cuándo dimos el primer chupete, cuando compramos el primer juguete o cuándo salimos corriendo de algún lugar; ¿qué podemos hacer?:

Entender que antes de la aparición de un lenguaje oral legible, la única herramienta con la cual nuestro hijo cuenta para hacer una petición urgente o necesaria, es el llanto. A esa edad debe ser entendido como la manera de comunicarse con nosotros e informarnos que algo pasa y es nuestro deber averiguar cuál es el origen del llanto.

Cuando ya hay lenguaje, pero se presenta un episodio de llanto, acompañado por gritos o movimientos violentos, debemos evaluar si la solicitud que hace nuestro hijo tiene algo de razonable o carece de toda lógica.

Es clave olvidar que otros nos están mirando, confiar en nuestro instinto como padres, mantener la conexión emocional y entender que lo más importante es generar el bienestar de nuestros hijos y de nosotros como padres, esto es lo fundamental ante una “pataleta”, por lo tanto, mantén siempre la calma, de lo contrario, estarás comprando un boleto directo al país de las “pataletas”, por siempre y para siempre.

Aunque creas que tu hijo no te está escuchando, ellos siempre escuchan. Con calma y amor, dile lo que piensas de su petición, explícale que puede usar el lenguaje en vez de los gritos para comunicarse contigo y que estás dispuesto a escucharlo cuando se calme.

Si es un lugar que abruma a tu hijo, es una opción importante para los dos evaluar la posibilidad de retirarse de allí. Revisa si es un lugar muy frío, muy caliente, con muchas personas o que le genera algún tipo de ansiedad a tu hijo, en este caso, si no es posible retirarse, explícale la necesidad de permanecer allí y mantén contigo siempre un juguete, un libro o un elemento que lo ayude a mantener su atención en algo diferente al tiempo y el lugar en el cual están.

Adelántate a las situaciones, habla con tu hijo y explícale que irán al centro comercial, pero no comprarán nada y que es importante que él lo entienda. Comparte información sobre la visita que realizarán, qué actividades podrá hacer allí y cuánto tardarán en volver a casa. En algunas ocasiones, una bolsa con lápices de colores y unos dibujos pueden ser la solución para esos momentos.

Recuerda que no hay una receta mágica para actuar ante las “pataletas”, piensa en el antes, durante y después de las que ya han vivido, en cuáles salió con éxito y cuál estrategia no le funcionó, pero ante todo, mantén la calma, respira y recuerda que esa etapa, también pasará.

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