Jenniffer Llanos Parias
Directora de Preescolar y Primer Grado

En tiempos modernos en los cuales las comunicaciones se han vuelto cada vez de más fácil acceso, y podemos monitorear a nuestros hijos de múltiples maneras, que nos conectamos con ellos desde cualquier lugar y en cualquier momento, es tal vez cuando más desconectados emocionalmente estamos. Si pensamos en las personas con quienes más tenemos un vínculo, lo cual significa una conexión emocional cercana, un apego emocional que proporciona seguridad y es indispensable para el buen desarrollo de la personalidad (Bowlby, 1962), pensaríamos en nuestros papás, hermanos, abuelos, tíos, etc. Pero cuando en el camino de nuestra vida se cruzan nuestros hijos, estos pasan a ser el vínculo más fuerte con el cual contamos y de igual manera, nosotros lo seremos para ellos, hasta cuando decidan tener sus propios hijos. Desde el momento en el cual nacen, los bebés buscan diferentes maneras de vincularse con el adulto y empezar a buscar el cómo obtener su atención y afecto. La succión, la sonrisa, el balbuceo, el agarre e inclusive el llanto, son diferentes estrategias que de manera innata tiene el bebé para lograr que el adulto más cercano, mamá, papá, cuidadores o abuelos, lo mire, lo alce, lo acaricie, le hable y de alguna manera le brinde amor y seguridad a partir de ese contacto inicial.

Para lograr desarrollar un apego seguro con nuestros hijos, es importante que desde el primer momento ellos encuentren respuesta a las diferentes maneras que utilizan para comunicarse, la proximidad física le brinda al niño seguridad y lo ayuda a crecer como un ser independiente y seguro de sí mismo. Así, pasado el tiempo y a medida que crece, el niño busca libremente permanecer cerca a su fuente de seguridad, estando en capacidad de explorar el medio, enfrentarse a situaciones adversas, con la certeza de que al volver, sus padres o cuidadores estarán allí. Esto le hace entender al niño que se le ama incondicionalmente; es decir, el niño, se porte mal o bien, se equivoque o acierte, se siente seguro del amor de sus padres y no está ligado al comportamiento o a las expectativas irresueltas de los adultos a su alrededor.

El lenguaje es uno de los elementos más importantes dentro de la construcción del vínculo, saludar y despedirse de sus hijos con palabras cariñosas, llamarlos desde el trabajo, hacer uso de los “piropos” reconociendo las características físicas que los hacen especiales y únicos para los padres, son hilos delgados que fortalecen indiscutiblemente el vínculo. Cuando un niño se despide de sus padres camino al colegio, seguro del amor que ellos le tienen y como agregado sabe que sus ojos son hermosos, es un niño que tendrá relaciones más seguras, estables y armoniosas, no sólo con los adultos a su alrededor, sino con sus amigos y compañeros. El contacto físico, el beso, el abrazo diario, la caricia, ese denominado “arrunchis” matutino o nocturno, realizar un masaje en los pies antes de dormir, o simplemente acariciar su cabello mientras duerme son elementos fundamentales en la relación padre-hijo, los cuales estrechan las relaciones y así como el lenguaje brindan seguridad y confianza a los niños, ayudándolos a tener siempre un cable a tierra, sin importar lo oscuro que sea el panorama o lo difícil que sea la situación, siempre podrán contar con sus padres antes de tomar una decisión equivocada, como caer en el alcohol, las drogas, o inclusive pensar en el suicidio.

Romper el vínculo con nuestros hijos puede ser muy fácil en el afán del día a día, el maltrato físico, el maltrato verbal, una modelación inadecuada, el irrespeto, el ponerlos en ridículo o avergonzarlos frente a otros, ser padres ausentes o negligentes incumpliendo con el cubrimiento básico de los cuidados, la garantía de salud, educación, familia, vivienda y bienestar en general. En algún momento de la vida, todos hemos roto el vínculo con nuestros hijos a nivel temporal, con un regaño, un grito, tal vez un manotón, exceso de trabajo o falta de tiempo. Es importante poder trazar un plan personal para mantener y fortalecer el vínculo. Si lo rompemos en algún momento, podemos disculparnos, hablar, reconocer el error, acompañar, abrazar, ir a comer juntos un helado. Restablecer el vínculo a partir del juego es la manera más fácil de reconectarnos, hacernos cosquillas, jugar a las escondidas, correr por la casa, construir con fichas y pasar un momento significativo con nuestros hijos sin aparatos electrónicos, genera conexiones vitales, significativas y al final maravillosas, que construyen sus emociones y sentimientos, especialmente les brindan seguridad, alegría y puro amor; éstos se reflejarán por siempre y para siempre en cada una de sus experiencias de vida y les permitirán convertirse en adultos felices, empáticos, estables socialmente y con una salud mental y emocional positiva. Descubran cómo conectarse con sus hijos, cada día es una oportunidad para estrechar los vínculos y olvidarse del día a día, así que ni cable de red, ni wi-fi, todos a conectarnos con nuestros hijos.