Un buen descanso durante la noche garantiza que tu hijo disfrute y aproveche al máximo las actividades que realiza diariamente en el colegio y con la familia. Para lograrlo es necesario que lo acompañes y lo guíes en el proceso previo al momento de dormir.

De 0 a 7 años los niños absorben la información más importante para su vida, en este tiempo aprenden lo que necesitan para su adecuado desempeño en la adolescencia y en las etapas posteriores. Por eso, es fundamental crear en familia una rutina con la que el menor se identifique y que le permita entender que, poco a poco, estos hábitos lo llevarán a crear unos comportamientos apropiados.

Este proceso inicia con una cena liviana y balanceada a las 6:00 de la tarde, aproximadamente, para que el niño tenga un espacio para una buena digestión y así evitar pesadillas mientras duerme.

Luego de comer se recomienda realizar actividades que vayan preparando el cuerpo para el descanso, como leer, ver televisión u otras que ayuden a que tu hijo se relaje un poco más. No lo lleves al parque ni los motives a realizar juegos o a practicar deportes que requieran de mucha actividad física.

Acompáñalo a cepillarse los dientes y luego a ponerse el pijama. Si es un niño muy activo, lo ideal es bañarlo con agua tibia antes acostarlo.

Una vez en la cama, pueden leer un cuento juntos u orar si la familia acostumbra a hacerlo. Quédate con él hasta que se duerma, asegurándote de que no queden televisores prendidos en la habitación, celulares o tablets, ya que estos dispositivos impiden un descanso eficiente.

Este es un momento adecuado para hablar con tu hijo, explícale la importancia de dormir y de descansar, aprovecha para transmitirle mensajes positivos como lo importante y maravilloso que es, lo orgulloso que te sientes de él o lo bien que está haciendo las cosas, entre otros.

Dentro de esta rutina también puedes incluir un momento para organizar las cosas que tu hijo necesitará para el colegio al día siguiente y así evitar contratiempos en la mañana. Guardar los útiles en la maleta, dejar el uniforme listo o lustrar los zapatos, son tareas sencillas que el niño puede empezar a ejecutar desde pequeño y le ayudan a hacerse responsable de sus cosas poco a poco.

Lo ideal es que esta rutina no se rompa, tanto los padres como los hijos deben entender que este es un momento sagrado para compartir tiempo juntos y que no se negocia con ninguna otra actividad.

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